miércoles

La conjura de los necios

La Conjura de Los Necios


John Kennedy Toole

Editorial Anagrama





Para todos aquellos que gusten de la buena y estimulante literatura, les recomiendo este libro que describe el transcurso de la vida de un personaje en la Nueva Orleans de los años 60. El protagonista es una mezcla de Oliver Hardy (el Gordo y el Flaco), Don Quijote y Santo Tomás de Aquino en versión perversa. Estas características se reúnen en una persona de 30 años, que aún vive con su estrafalaria madre en una relación simbiótica muy ambigua. Se ocupa de escribir una demoledora crítica contra nuestro siglo, al que describe como carente de “decencia y buen gusto”.

Se trata de una novela disparatada, sorprendente, una tragicomedia que en su lectura hace alternar la carcajada y la angustia. Es una gran farsa estruendosa, con un personaje intelectual, ideólogo, gorrón, holgazán y glotón, que demuestra su apabullante desprecio y su guerra individual contra todo el mundo: Freud, los homosexuales, los heterosexuales, los trabajadores, los protestantes y todas las abominaciones de los tiempos modernos. Un Santo Tomás de Aquino trastornado. Léanlo, se van a divertir, y serán testigos del ingenio y creatividad de este autor.
He aquí a Ignatius Reilly, sin progenitor en ninguna literatura que yo conozca (un tipo raro, una especie de Oliver Hardy delirante, Don Quijote adiposo y Tomás de Aquino perverso, fundidos en uno), en violenta rebeldía contra toda la edad moderna, tumbado en la cama con su camisón de franela, en el dormitorio de su hogar de la Calle Constantinopla de Nueva Orleans, llenando cuadernos y cuadernos de vituperios entre gigantescos accesos de flato y eructos.

Su madre opina que necesita salir a trabajar. Lo hace y desempeña una serie de trabajos, cada uno de los cuales se convierte en seguida en una aventura disparatada, en un desastre total; sin embargo, todos estos casos, tal como sucede con Don Quijote, poseen una extraña lógica propia.
Su novia, Myrna Minkoff, del Bronx, cree que lo que Ignatius necesita es sexo. Las relaciones de Myrna e Ignatius no se parecen a ninguna historia «chico-encuentra-chica» que yo conozca.
Otro aspecto a destacar en la novela de Toole es el reflejo de las particularidades de Nueva Orleans, sus callejuelas, sus barrios apartados, sus peculiaridades lingüísticas, sus blancos étnicos… y un negro con el que Toole logra casi lo imposible, un soberbio personaje cómico, de gran talento y habilidad, sin el menor rastro de caricatura racista.
No obstante, el mayor logro de Toole es el propio Ignatius Reilly, intelectual, ideólogo, gorrón, holgazán, glotón, que debería repugnar al lector por sus gargantuescos banquetes, su retumbante desprecio y su guerra individual contra todo el mundo: Freud, los homosexuales, los heterosexuales, los protestantes y todas las abominaciones de los tiempos modernos. Imaginemos a un Tomás de Aquino trastornado en una Nueva Orleans desde donde hace una disparatada correría cruzando los pantanos hasta la universidad estatal de Louisiana, a Baton Rouge, donde le roban la chaqueta de maderero mientras está sentado en el retrete de caballeros de la facultad, abrumado por elefantíacos problemas gastrointestinales. A Ignatius se. le cierra periódicamente la válvula pilórica como reacción a la ausencia de una «geometría y una teología adecuadas» en el mundo moderno.

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